Archivado en: Made in Chile, actualidad, cuentos, cuentos cortos, cultura, escritores, relatos | Etiquetas: "Siete Rayas", “Santiago en 100 palabras”
Bajo el lema “una ciudad que se escribe”, este año el concurso registró su mejor convocatoria.
Por séptima vez, miles de ciudadanos de todas las edades se inspiraron en la capital para plasmar creativamente sus impresiones en un máximo de 100 palabras. Se trata de “Santiago en 100 palabras”, que este año –bajo el lema “una ciudad que se escribe”- llamó a sus participantes a plasmar en pequeños cuentos alguna historia relacionada con la ciudad de Santiago o la vida urbana contemporánea.
La séptima versión de este certamen distinguió al primer lugar (“La mujer que saluda”, de Elisa de Padua Nájera, 30 años, comuna de Ñuñoa); al premio del público (“Mi increíble papá”, de Diego Guzmán, 21 años, comuna de Providencia); y al premio al talento joven (“Vacaciones”, de Catalina Yáñez, 15 años, comuna de San Joaquín) con pasajes, estadía y entradas para dos personas a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, proporcionados por BHP Billiton (operador de Minera Escondida), auspiciador oficial de las Olimpíadas. (más…)
Archivado en: cuentos cortos
En una fría y oscura habitación, decenas de hombrecitos vestidos de negro escuchaban sentados el discurso de otro hombrecito que permanecía de pie.
De pronto, y en medio de la solemnidad del momento, un ser vestido de alegres tonalidades alzó la voz. Las cabezas de las decenas de hombrecitos se voltearon. No había pedido autorización para hacer uso de la palabra e interrumpía a su líder.
Pero eso no era nada comparado con lo dicho. Contravenía abiertamente al más iluminado de los hombrecitos de negro. A este le subió un calor desde los pies que le paró el pico, le crispó los cuatro pelos del pecho, le produjo afluencia salival, le encendió los ojos y le tornó el cabello de un hermoso color verde botella. Los demás hombrecitos callaron al unísono. Los reflectores iluminaron el rostro del osado ser, el escribano tomó nota de los rasgos del insolente y los presentes lo registraron mentalmente.
Una fría ráfaga le golpeó el rostro y peinó sus desaliñados cabellos.
El ser, a pesar de que sentía arrepentimiento por su intervención, dio un paso adelante. El mandamás de los hombrecitos alzó sus dos brazos apuntando con sus dedos al desafortunado ser, y en lengua desconocida, lanzó una maldición gritona y escalofriante. El colorido ser cayó muerto sobre sus pies. Los hombrecitos sacaron de sus bolsillos negros cucuruchos con dos agujeros y se los pusieron cubriendo sus cabezas.
Se pusieron de pie y caminaron hacia el muerto. Levantaron su cuerpo y caminaron hacia la puerta, perdiéndose tras de ella.
El bacán de los hombrecitos corrió al baño y cagó.
Archivado en: cuentos cortos | Etiquetas: daltónico., ornitorrinco, pululandia
Diez ornitorrincos pululaban alineados por una céntrica avenida de Pululandia.
Los diez llevaban sendos sombreros para protegerse del quemante sol que abrazaba la ciudad.
Cinco ornitorrincas en minifalda y con poleras salmones, caminaban alineadas en dirección contraria y acercándose a ellos por la céntrica avenida de Pululandia.
El primer ornitorrinco le dijo al segundo, Puta que ricas las ornitorrincas que vienen ahí.
El segundo ornitorrinco dijo al tercero, Puta que ricas las ornitorrincas que vienen ahí.
Y así sucesivamente hasta el número diez.
Este último subrayó: Pero la primera tiene el hocico más grande.
Todos los ornitorrincos rieron al unísono mientras se acercaban a las ornitorrincas.
Pero justo antes de cruzarse, las ornitorrincas cruzaron la calle alineadamente.
Entonces el primer ornitorrinco dijo al segundo: sigámoslas.
Y el segundo dijo al tercero,. Sigámoslas.
Y así, hasta que la propuesta llegó al décimo ornitorrinco.
Entonces éste exclamó: ¡ya!
Al llegar a la esquina de la céntrica avenida de Pululandia, esperaron a que el semáforo diera la luz verde, y luego cruzaron alineadamente.
Los diez ornitorrincos murieron atropellados por una camioneta conducida por un daltónico y ebrio ornitorrinco afuerino.











